Kichitos by Nadja

Hace casi siete años yo nací de nuevo, en la piel suave de mi hijo Dante.

Nacimiento doloroso, solitario, angustioso y hambriento. Con miedo a no poder amar lo suficiente.

Con su nacimiento emprendí un camino de piedra difícil de transitar, de autodescubrimiento y compasión conmigo misma y mis ancestras.

Dante es la fuerza de este negocio, el objetivo de mi vida. Dante me mostró que mis ganas de ayudar a los demás no valían si no me ayudaba primero a mí misma.

Y es por eso que Kichitos es tan importante.

No es un negocio, no sólo alimenta a mi familia, no sólo genera recursos, no sólo tiene un objetivo humano y profesional de compartir mi camino y hacérselo más fácil a otras madres.

Kichitos es el camino. Mi camino.
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Julio.
Un día de julio hace ya seis años estaba parada en medio del cuarto con un bebé casi recién nacido dormido en mis brazos. Era Dante, de dos meses y medio.

Alguien tocaba a la puerta porque venían a dejarme un paquete de pañales ecológicos que representaban mi inversión inicial para abrir el negocio que me cambiaría la vida. Recuerdo pedirle con lágrimas en los ojos a mi esposo que mejor no, que le dijera cualquier cosa, que no quería fallar y haber descubierto que invertí mal. Fue tanta la ansiedad que ni siquiera baje yo a recibir el paquete, fue mi esposo.

Y fue gracias a su apoyo, a la inversión y la confianza (que yo no tenía en mí), pero él sí, que yo inicié mi negocio.

Casi no reconozco a esa niña frágil y sola que no sabía que hacer con su bebé con reflujo, que esperaba ansiosa las noches para que el padre llegara y estar un poco más acompañada. Que vivía a través del celular lo que pasaba más allá de esas cuatro paredes de vómito y dolor al lactar.

Luego me fui a Mooreleando, conocí a mis futuras socias, clientes, amigas, se me quito poco a poco el miedo a no poder, me di cuenta que de hecho, podía y en noviembre del año siguiente fundé Tribu Noas. Ahora ya no era miedo a no poder, era saber que podía pero el miedo a brillar y quedar expuesta me hizo limitarme muchos años. Afortunadamente la vida se encargo de fortalecerme y de quitarme hasta el último rastro de miedo. Y esa niña que cargaba a su bebé mientras lloraba asustada porque «habíamos tirado 10,000 pesos a la basura» ahora tiene una profesión, un negocio fuerte y próspero, tres hijos que le quitaron cualquier espacio para la fragilidad y la ventaja más grande: el amor por la vida que eligió.

Gracias, gracias, gracias.

28 de julio, cumpleaños de Pañales y Fulares Kichitos. Gracias, Dante, mi primogénito chinudo, te lo debo todo. Gracias.

Mi agenda diaria

Como agenda uso un simple cuaderno de anillas, de los que puedes comprar en cualquier papelería. Papel blanco. Nada de líneas que coarten mi improvisación a la hora de escribir o garabatear. Soy un recopilador de notas obsesivo y lleno páginas de arriba a abajo con tareas pendientes, bocetos e ideas para las entradas del blog. Normalmente gasto una agenda por mes.

Organizarse como es debido

¿Quién?, ¿yo? ¿Organizada? Mi marido no opina lo mismo, pero me cuesta mucho llevar al día todos los quehaceres de la semana. Ya sabes: el colegio, la natación, la compra, ordenar la casa, pagar facturas, recordar citas, etc. Por suerte, en nuestra casa colaboramos todos. No hay una persona que lo haga todo. Pero sí que tenemos un pequeño secreto que hace nuestro día a día más llevadero.

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